Estilo Garra Desnuda

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Leonart
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Estilo Garra Desnuda

Mensaje por Leonart » 26 Abr 2015, 18:00

Con ligeras pisadas, sumidos en la oscuridad nocturna, el grupo de figuras encapuchadas se movia por los adoquines de la calle Altbär con sigilo. Iban encorvados, cabizbajos con la espalda doblada en una manera que una espina de un humano jamás podría lograr. Alrededor de veinte individuos se movian sin hacer ni un solo ruido. Eran profesionales después de todo.
Otras camadas más inexperienciadas habrian causado más alboroto trotando por la superficie, pero ellos no. Ellos pertenecian al venerado Clan Eshin y tenian una misión. Y el clan Eshin siempre cumplia sus misiones, sin importar el coste. Aquel grupo de Acechantes Nocturnos habia sido especialmente efectivo en sus despachamientos, habiendo empezado tan solo unos meses atrás con cuarenta reclutas que, tras aceptar las misiones más peligrosas, se habian visto reducidos a veinte veteranos curtidos.
El revolotear de capas, el frotamiento de los cuerpos y el hedor particular de los cuerpos de sus hermanos a su lado, hacia que la sangre de Rikskeet ardiera. Queria entonar las alabanzas del clan, los gritos de la batalla y alzar su voz para que hasta la mismisima Rata Cornuda, que en toda su repugnante gloria, se alzara y le reconociera como el mejor de su manada. Pero no lo haría. Dejarse llevar por semejantes instintos era algo que los clanes menores, todavia muy inferiores al Clan Eshin, harian.

Él era un profesional después de todo.

Su único ojo bueno dirigió una centelleante mirada hacia el cielo, de entre el cual se podian distinguir las estrellas y las dos lunas del caos entre los rampantes tejados góticos de la ciudad de las cosas-humanas.
Entonces, sus entrenadas orejas captaron algo, algo tan delicado y sigiloso que solo otro hermano Eshin podria ser. Y en efecto, a los pocos segundos, dos figuras aterrizaron en paralelo al grupo de capotes negros revoloteantes. Con unos pequeños e informativos chillidos, le revelaron a Rikskeet que la primera parte de su plan habia sido llevada a cabo fructuosamente: No quedaban guardias con vida en vigila y podrian asaltar el castillo con total impunidad de no alertar a la guardia de la ciudad.

No era que el Acechante Nocturno temiera a las cosas-soldado-humanas, ni su afilado acero templado, ni su ruidosa pero destructiva pólvora o que fueran posiblemente centenares contra tan solo veintidos de los suyos. No, él estaba seguro de la superioridad del Clan Eshin entre todas las razas y especies inferiores que habitaban el viejo mundo, gracias a su único estilo de asesinato, tildado "Estilo de Garra Desnuda". Aquel estilo era tan mortal que no importaban los números, el grosor de su armadura o el poder destructor de sus armas. El clan Eshin siempre prevaleceria. Por eso ellos eran profesionales.

Pero aun así, los baños de sangre, las bajas innecesarias y todo el ruido que aquello causaria... No era el estilo del clan Eshin. De ahí que eliminasen a los vigias para poder llevar a cabo su encargo tan limpia y rápdiamente como skavenmente era posible. Se repetia a si mismo que esas eran sus razones y no la cobardia llanamente.

Ya se podia divisar el vetusto castillo de Kirschblüte, donde su objetivo dormia apaciblemente. Era un castillo integrado dentro de la misma ciudad y dentro vivia uno de los nobles más influyentes de la Criadora-humana, tambien conocida como Condesa Emmanuelle en la asquerosa (e incivilizada) lengua humana. Del castillo podia verse cuya construcción, en un día magnífica, habia sufrido grandes daños, debido a anteriores enfrentamientos y el propio consejo de los trece habia valorado un asalto frontal, debido a la falta de resistencia de sus murallas. Sin embargo, el clan Eshin seria capaz de hacer todo aquello sin que nadie se diera cuenta. Al amanecer, la ciudad despertaria con un noble menos.

Pendones de color rosado colgaban de las murallas, decoración estúpida que permitió a los asesinos escalar la muralla sin el uso de cuerdas o escalas, tan solo sirviéndose de la ayuda de sus confiables ganchos. Treparon a toda velocidad, hasta remontar la base de la muralla al completo. Tras saltar el murete, dieron con sus patas en el empedrado camino que recorría las murallas que rodeaban el edificio principal del castillo, donde su objetivo dormía apaciblemente. Recorriendo la base de las murallas, sus patitas resonaron levemente, iluminadas por la luz de las lunas, se encontraban medianamente expuestos, pero no importaba mucho. A su izquierda y a su derecha podía ver la obra de dos de sus lacayos ejecutada a la perfección. Guardias humanos abiertos de piernas, decapitados, deslomados sobre el muerete, todos galardonando heridas tan letales que solo un golpe preciso habia sido necesario para acabar con ellos detrás de sus gruesas armaduras. Como verdaderos profesionales.

De un salto, el grupo de Acechantes Nocturnos saltó al patio. La humeda hierba bajo sus patas fue un recomfortante cambio en comparación al sucio y seco adoquinado suelo sobre el que habian estado pisando, pero Rikskeet no se sentiria cómodo hasta que no cumplieran su objetivo y volvieran a su apacible madriguera disfrutando de la recompensa de piedra bruja que les esperaba de vuelta.
Sin más, se amontonaron contra la puerta. De haber tenido mayores medidas de seguridad, tendrian que haber trepado por el tejado, estando expuestos a que algun oportuno humanoide les avistara por las ventanas. Si su información no mentia, solo habria tres soldados en la siguiente sala más los desafortunados cocineros con poca o ninguna habilidad de combate. Rikskeet asintio con la cabeza y todos desenvainaron sus armas listos para la lucha. De nuevo, las ganas de delcarar el ataque con un grito de guerra aparecieron en la mente del Skaven, y de nuevo se refrenó: Pues él era un profesional.

De una patada abrió la puerta y los capotes y capas negras inundaron la sala. En menos de tres segundos, el fuego se habia apagado y cinco cadáveres yacian con expresiones de horror en sus rostros. Los habian visto venir, pero sus afiladas estrellas asesinas les habian silenciado antes de que pudieran haber gritado.
El olor del cerdo asado que habia encima del lugar donde habia estado el fuego cocinandolo les inundó las delicadas fosas nasales, y alguno que otro empezó a salivar desmedidamente, pero bastó una amenazadora mirada de Rikskeet a sus lacayos con su único ojo bueno para que no perdieran la compostura.

Entonces empezó el verdadero contrarreloj. Con señales de sus zarpas, Rikskeet indicó al grupo que se separaran en otros cuatro grupos, pues su información les aseguraban que el veterano noble tenia por costumbre cambiarse de cuartos cada noche, temiendo a los asesinos. De poco le iba a servir aquella noche tal estratagema, pues por lo visto era un viejo hombre senil y solo se necesitaria que uno de sus cachorros diera con él para cumplir la misión. Y si encontraban algún tipo de resistencia, el estilo Garra Desnuda les permitiria acabar con ella al instante.
Rikskeet ya se relamia los dientes por el premio tan cercano. Podia notar como su, ahora más reducido grupo, empezaron a exudar el icor de la sed de sangre. La promesa de la piedra bruja de pago era grande y, lo que no sabian sus cachorros, era que, además, el consejo de los trece le habian prometido yacer con una de las criadoras más prestigiosas de plagaskaven. Una nueva camada revitalizaria a su grupo y accederia a poderes más altos mucho más rápido que ningún otro Skaven con vida. Podria ponerse a cacarear de felicidad y a dar palmas, pero su profesionalidad le hizo concentrarse en su misión.

A los pocos minutos un grito de una criadora les hizo detenerse sobre sus cuartos traseros, escondidos en la oscuridad del pasillo. Cierto era que el grito habia sido cortado eficientemente a poco de surgir, pero existia la posibilidad de que despertase a los demás. Rikskeet esperó trece latidos de su acelerado corazón para ordenar a su grupo que siguieran buscando, pero la mala suerte hizo que sonidos de pisadas fuertes y ruidosas inundaran el pasillo. Rikskeet maldijo en voz baja a los ineptos que les habian delatado. A una señal, ordenó a su grupo a esconderse en el techo, provisto de quejias y contrafuertes ideales para aquella tarea. El Acechante Nocturno comenzaba a intentar recordar cual de sus enemigos podria haber causado aquella ineptitud, pues nunca nada era una coincidencia para él y, después de todo, todos los caminos llevan a plagaskaven. Pero apenas tuvo tiempo para sumirse en viejas afrentas y enemigos pues debajo de ellos, pasaron alrededor de veinte humanos, algunos desvestidos, otros en pijama y otros con armadura, pero lo que era que tenian en común era que todos llevaban antorchas y afiladas espadas de acero. Rikskeet sonrió pérfidamente cuando pasaron de largo sin darse cuenta de su grupo. Cierto era, con un ataque sorpresa como el que podrian haber llevado a cabo y con la ayuda del Estilo de Garra Desnuda podrian haber acabado con ese contingente de cosas-humanas con facilidad, pero no llegó dar la orden.

Si habian decidido traicionarle con su ineptitud, Rikskeet no pensaba mover un dedo por ellos, si acaso, podia beneficiarle, si. Usando a los ineptos como cebo, podria adentrarse más en el edificio sin problemas. Y, aun asi, el estilo de Garra Desnuda no salvaba a los ineptos, asi que la Rata Cornuda habia decidido abandonarles a su suerte. Acabó agradeciendoselo a su deidad y entonces continuaron la acelerada marcha.

Su grupo, formado por siete Acechantes Nocturnos, habia sido el más nutrido desde el principio y contaba poder eliminar toda oposición libremente hasta dar con el senil anciano y acabar su miserable vida y con ella la condenada misión. Pero sus planes se tornaron para mal cuando al final del pasillo aparecieron dos figuras, completamente pertrechados en gruesa armadura y con largas espadas al hombro. Por su manera de caminar, Rikskeet pudo adivinar que eran fuertes y veteranos.
Los grandes espaderos les avistaron y soltaron la voz de alarma Rikskeet podria matarles solo, con una mano y cola atadas a su espalda, pero requeriria tiempo, y no tenia tiempo, especialmente cuando se pusieron a dar la alarma. Se giró en seco y observó a sus lacayos que, muy sorprendidos, podian vislumbrar lo que estaba apunto de ordenarles.

Escogiendo a los cuatro más asustados del grupo, les ordenó la "sencilla" tarea de eliminarles o, al menos entretenerles mientras él y los dos últimos cumplian la misión. Los desgraciados escogidos, sabiendo que estaban llendo a sus muertes, se agarraron a quicios de puertas y ventanas, aterrados. Insultado por su falta de profesionalidad, Rikskeet les pateó en los cuartos traseros a cada uno empujandoles a luchar y, recordandoles una de las lecciones más básicas del Estilo de Garra Desnuda, les dejó a su suerte, mientras tomaban un pasillo lateral.

Pasaron los minutos. El castillo era cada vez más ruidoso, sin duda, habia entrenado bien a sus cachorros, pero la ineptitud les hacia débiles, por eso perecerian. Él, que era el más hábil y grande de todos los Eshin, seria capaz de llevar a cabo la misión con profesionalidad. Sin embargo, no parecia haber suerte. Todos los cuartos en los que irrumpian estaban vacios o llenos de aterrados sirvientes. No podian ni malgastar el tiempo en matar aquellos sirvientes así que tan pronto entraban como salian, dejandolos completamente confusos.
Rikskeet gruñó de rabia. ¿Dónde se habia escondido el condenado vejestorio? Le imploró a la Rata Cornuda, que, en toda su gloria, le diera una señal. Y, como si la deidad le hubiera escuchado, el Acechante Nocturno olió algo nuevo: El olor de dos de los grupos, ahora muertos, agolpados contra una de las habitaciones, rodeados de cadaveres humanos, si, pero fuera lo que fuera parecia haberse ido. Andando por el techo, como habian hecho antes, se acercaron a la zona y lo vieron con sus propios ojos. Habia por lo menos veinte humanos y diez skavens muertos entorno a aquella puerta y todavia dos humanos, malheridos con vida, haciendo guardia. ¿Poruqe montarian guardia ahí? La respuesta para Rikskeet fue obvia: BINGO.

Relamiendose los labios miró a sus dos últimos lacayos, tan fieles y profesionales como él mismo y se leyeron las intenciones. Las estrellas envenenadas volaron y terminaron por rematar a las dos cosas-humanas que guardaban aquella puerta de grueso roble.
Una vez los dos cadaveres engrosaron la masacre que habia sobre el suelo, los tres skavens saltaron al suelo con malignas intenciones en sus costrados rostros. La puerta estaba cerrada con llave, pues el pomo no se movia. Rikskeet comprobó si sus dos cachorros estaban listos y entonces, de una patada, mandó el pomo volando hacia dentro, lo que desbloqueó la puerta y la pudieron abrir placandola entre los tres.

Cuando cruzaron el umbral de la habitación, lo primero que les cruzó los hocicos fue el olor al aire nocturno que era ampliamente mejor al hedor humano que se respiraba en aquel castillo. Una larga cama de sábanas rosadas y, en su interior un gran bulto entre ellas. El vejestorio todavia dormia apaciblemente mientras sus sirvientes y soldados morian. Rikskeet reconoció, que, en ocasiones, las cosas-humanas se parecian bastante a los propios Skaven. Pero la misión era lo primero a la antropoloía y por ello los tres se acercaron a la cama, agazapados y sigilosos, decididos a acabar con la misión de una vez por todas.

Pero dentro de su superioridad, habian subestimado la inteligencia de los humanos. De un armario, pudo oirse un gran estallido mientras que las sangres y visceras del cachorro que estaba a la derecha de él estallaba en pedazos. El reconocible olor de la pólvora así como el humillo que salia del agujero en el armario le indicaba que su atacante tenia un arma de pólvora y que tendria que recargarla. No dejandose impresionar por la fuerza del ataque, y consciente del pequeño espacio del que disponia, Rikskeet comenzó a apuñalar el bulto entre las sábanas con ferocidad, pero al ver que no sangraba se giró a enfrentar a su atacante.
Del armario salió un anciano corpulento. Podia verse que todavia se cuidaba bastante bien, aun a pesar de su vejez, estaba en plena forma física. El anciano se mesó el bigote altivamente mientras apuntaba con su arma una segunda vez, sin haber recargado aún.

-Vaya abominaciones más estúpidas.-musitó el humano a lo cual Rikskeet cacareó. Conocia muy poco de su lenguaje, pero sabia que les estaba insultando.
-Quién es estúpido eres tu, cosa-humana.-sonrió hacia su último cachorro y entonces se fueron acercando lentamente.-Si fueras más listo-sabio, te habrias escondido mejor, si-si...-

El noble tan solo tosió de una manera que podia recordar a una risilla.
-¿Te diviertes, cosa-humana? Vas a morir-perecer ahora, si-si... El estilo Garra Desnuda es impara-
Rikskeet no pudo completar su frase cuando el arma del humano le abrió un agujero en todo el pecho. Incrédulo, el skaven cayó al suelo. Con el arma todavia humeante, su cachorro, aterrado, saltó hacia una ventana dispuesto a salvar su vida por encima de todo cuando el arma del humano abrió fuego una vez más le dió en toda la espalda y, su cuerpo, sin vida, caia hacia el vacio.
La dureza de Rikskeet le impedia morir aún. Primero debia completar la misión. Alzó un brazo con una estrella ninja, dispuesto a arrojarsela al humano y este tan solo accionó una vez más el gatillo, volando por los aires el brazo del skaven que desangrandose apenas podia hacer nada más que caer muerto.
Mesandose el bigote el humano dejó su rifle de repetición en el suelo y comenzó a acercarse al, ahora inofensivo, skaven creyendole muerto.
-Me pregunto que dirá la Condesa cuando sepa que la amenaza Skaven es real y muy presente en nuestra ciudad de Nuln.-se acercó al rostro del moribundo.-Van a sacar mucha información de vosotros, aun de muertos, no te preocupes. Le haremos lo mismo a los demás inmundos.-
Pero lo que no sabia el batidor era que Rikskeet todavia tenia un as en la manga. Un as que le permitiria tener la última carcajada. Poniendose de pie, soltó un chillido en el idioma Skaven.
-¡Oh Rata Cornuda! ¡Acéptame en tu regazo!-
Al hacer esto, el humano cayó de bruces por el susto y alcanzó su rifle una vez en el suelo. Apuntando de nuevo al asesino, que no comprendia como todavia seguia vivo, le apuntó a la cabeza y, entonces, fue cuando fue presente de la más oscura de las magias que habia visto. La rata se tragó una especie de pastilla negra y, al instante, comenzó a disolverse su cuerpo entero entre los ropajes negruzcos. Asqueado y asustado, el anciano ando a gatas hacia atrás asta arrinconarse en la esquina de la habitación mientras su atacante se disolvia.
Rikskeet no delataria ni vivo ni muerto. Eso era parte del credo Eshin. Era parte de las enseñanzas del Estilo de Garra Desnuda. Porque, después de todo y, por encima de todo, Rikskeet era un profesional.
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