Campaña de Sartosa: Batalla de las Colinas de Osso

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Hiswesüle
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Campaña de Sartosa: Batalla de las Colinas de Osso

Mensaje por Hiswesüle » 18 Abr 2015, 00:36

Pues con un poco de suerte mañana se disputará la tercera batalla de la Campaña de Sartosa. En esta ocasión tras contener al Waaagh piel verde en las cercanía de Roba, las tropas imperiales asumen la iniciativa táctica tratando de compensar la iniciativa estratégica de los Asur que poco a poco van progresando en su control de la isla.

Sin embargo, mientras este dominio asur se consolida los imperiales concentran sus fuerzas en el sur, en las cercanías de Senelite, el 1er Cuerpo de Ejército imperial consigue interceptar a un ejército Alto elfo que se abría camino hacia el norte. Las tropas del 2º Cuerpo de Ejército Imperial descienden a su vez desde el norte sobre los elfos, que en última instancia reciben el apoyo de unos refuerzos traidos por mar por la flota élfica.

En resumen, la batalla que se disputará mañana enfrenta a un ejército de 1850 ptos del Imperio contra otro de 1750 de Altos Elfos. Como siempre haremos el correspondiente informe de batalla, pero, también como siempre, os adelantamos la perspectiva de las sufridas tropas imperiales. En esta ocasión desde una perspectiva un poco más amplia propia del Alto Mando Imperial en la isla.
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El calor arreciaba aquella mañana en el puerto de Sartosa. Los brillantes destellos del sol de primavera cegaban insistentemente al Barón Ludwig, que hubiera preferido llevar puesto cualquiera de sus prácticos sombreros de ala ancha, en lugar del engorroso y recalentado morrión repujado...pero el orden de revista de aquella mañana exigía de él, como comandante en jefe, que luciese su armadura de gala, y los rigores propios del clima tampoco suponían mayor problema en comparación con la tormenta que se aproximaba a boga lenta...

...la barcaza del representante del Emperador se encontraba ya a unas 40 varas del muelle, cuando el capitán de la guardia mandó firmes a la compañía de lanceros allí apostada desde primera hora del día. A lo lejos, un poderoso y enorme navío plegaba sus velas. Cuando los remeros hubieron finalmente amarrado la embarcación, e inmediatamente después de los toques de silbato correspondientes , los tambores y clarines arrancaron con el toque de honores. Un hombre de semblante envejecido, tez pálida, nariz aguileña y oscura barba desembarcó en primer lugar, seguido por una reducida comitiva de oficiales y acólitos. El emisario vestía sobrios ropajes de viaje, sin adornos ni más fruslerías que un sencillo amuleto con el sagrado emblema del martillo, contrastando así con el colorido de los vistosos estandartes regimentales y los uniformes de la tropa congregada. El Barón se adelantó de entre las filas de soldados para recibirle.

- Sed bienvenido a Sartosa, Señoría. - dijo Ludwig convincentemente, a la par que se encorvaba en señal de obediencia...a pesar del rango que ostentaba en la isla, no era tan necio como para no mostrar el debido respeto (y temor) hacia al recién llegado. - Espero que la travesía os haya resultado agradable.- añadió trivialmente.

- General von Dunkel...consideradme debidamente cumplimentado, pero no hay tiempo para solemnidades...- respondió secamente Sir Kaldon.

- ...vuestros hombres prestarían mejor servicio ayudando a estibar el flete de mi barco, así que disolved éste bonito comité antes de que baje la marea.-

La fastuosa calesa dorada (propiedad requisada al huido Príncipe Pirata) recorría las callejuelas a gran velocidad, ya que no había transeuntes que entorpecieran el paso de su tiro o el de los caballeros que la escoltaban. Apostados en cada esquina, destacamentos de arcabuceros montaban guardia y mantenían a ralla a los curiosos. El miedo a una revuelta callejera o a cualquier disturbio durante la visita había sido motivo suficiente para que Ludwig decretase la Ley Marcial en las vecindades de Sartosa y Roba, y durante tres días su fiel sargento de armas, al mando de varios piquetes de guardias, había estado muy ocupado vaciando de soldadesca y lugareños los burdeles y tabernas. El cierre de estos locales no podía considerarse en ningún caso total, puesto que, descontando los antros de peor reputación, muchos habían podido obtener un "permiso especial", a cuenta de depositar en las manos adecuadas un razonable soborno, regado con algunas botellas del mejor vino bretoniano.

Sir Kaldon permaneció serio y observador durante el trayecto, y no abrió la boca hasta que los edificios quedaron atrás y el coche se adentró en la arboleda, siguiendo el tortuoso camino que conducía al promontorio en que se erguía la fortaleza. Una vez entrados en conversación, conminó a Ludwig a que le relatase sin tapujos los pormenores y avances de la Campaña...el General, que estaba seguro de que Kaldon ya habría leído todos los informes y cartas que había remitido a Altdorf, no tuvo problemas en exponer de nuevo todos y cada uno de los detalles acontecidos durante los últimos tres meses, hablándole así del desembarco, la batalla contra los elfos de Ulthuan, la trágica muerte de su grifo, el asedio de plazas fuertes, la falta de suministro, la mala calidad del forraje, la crudeza del invierno, la búsqueda de los rebeldes, el hostigamiento de los orcos y así una larga lista...

- Bien parece, Barón von Dukel, que no podemos hablar de progresos en lo que a la conquista de la isla se refiere...y no olvidemos que esa era precisamente la tarea que el Emperador os encomendó......- resumió el sombrío emisario -

- ¿Significa eso que se me releva del mando?- preguntó un resignado Ludwig...

Sir Kaldon frunció el ceño y le miró de soslayo, resignándose él a su vez por conocer la respuesta. - No...por el momento no, General...el padrinazgo del Mariscal del Reik pesa bastante en la Corte... - se alisó la barba antes de continuar hablando.

- ...Se ha autorizado el envió de más tropas y armas, e igualmente me acompañan algunos de esos "eruditos" de los Colegios de la Magia...mantener abiertas las rutas comerciales y el sometimiento de los piratas sigue siendo la prioridad, pero lo que a algunos más nos preocupa es el inesperado interés de los elfos por la isla...muy extraño......¿tenéis algún prisionero con el que pueda "conversar"?-

Ludwig se sorprendió e improvisó una disculpa...en los calabozos sólo había por el momento borrachos y ratas, pero tenía noticias de que un contingente enemigo había desembarcado en el sur, cerca de Senelite, a donde ya había mandado una columna para interceptarlo.
Imagen 15.000+ ptos

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