La voluntad de Asuryan: Un relato de la Guerra de la Barba

¿Eres un auténtico trovador del viejo mundo?
Responder
Avatar de Usuario
Hiswesüle
Unidad Singular
Mensajes: 208
Registrado: 28 Sep 2014, 14:39

La voluntad de Asuryan: Un relato de la Guerra de la Barba

Mensaje por Hiswesüle » 12 Nov 2014, 18:58

Hola a todos:

Los que sigais el foro de Altos elfos ya sabreis que hace un par de meses un amiguete y yo comenzamos un proyecto para jugar una batalla entre Altos elfos y enanos ambientada en la Guerra de la Barba. Para ello adaptamos las reglas de las WDs nº81-83 a la octava edición. Como era una partida de pachanga discutimos minuciosamente las reglas y añadimos algunas reglas caseras con las que solemos jugar. Todos los detalles de esa partida estan en otro hilo de este foro por si a alguien le interesa:

http://www.warhammerfantasy.es/foro/vie ... =12&t=6174

En cualquier caso, el pasado domingo disputamos la batalla, tomando las debidas fotos simultáneamente, y siguiendo con nuestro concienzudo trabajo nos pusimos a elaborar el informe de batalla correspondiente. Pero mientras íbamos elaborando el informe decidimos desarrollarlo de forma más narrativa construyendo un pequeño relato alrededor de la batalla. El contenido de este hilo es ese relato elaborado a medias por mi mismo y mi rival. Por eso abro el hilo en esta sección, cosa que tras la dilatada la introducción podía resultar confuso.

Y sin más os dejo con la primera entrega del mismo que describe la visión de los enanos ante el inminente conflicto.
______________________________________________________________________________________

El Señor del Clan Thorgrim Puñohierro Finnbarsson entró en el Gran Salón sin esperar a ser anunciado. Un sencillo gesto con la mano fue suficiente para que los rudos barbaslargas que flanqueaban las puertas le abrieran paso sin mediar palabra. Dado su rango y linaje no necesitaba solicitar audiencia o permiso para ver al Rey, que en esos momentos disfrutaba de un almuerzo frugal en compañía de varios parientes. Sus botas de gromril retumbaban sobre el suelo de mármol a medida que avanzaba por la enorme estancia abovedada, y poco rato después su presencia fue advertida por el mismo Rey Olaf Mataosos, quién se levantó de la cabecera de la mesa de banquetes y alzó los brazos en señal de bienvenida.

- ¡Thorgrim, hijo de Finnbar ! ...ñak ñaam... Siéntate con nosotros y come algo...ñam...¡hay arenques fermentados y cebollas con miel!. - Vociferó jovial mientras masticaba un trozo de venado asado. El curtido Señor enano se acercó ceremoniosamente hasta el soberano de Karak-Ziflin, hincó la rodilla sobre el enlosado y bajó la cabeza en señal de respeto. No tardó sin embargo en levantar la vista y pronunciarse en tono grave y firme.

- Rey Olaf...soy portador de noticias que no pueden esperar. La torre del valle ha sido atacada. - Todas las conversaciones en torno a la mesa cesaron al momento. El Rey masticó en silencio un par de veces, para acabar escupiendo sobre una bandeja el pedazo de carne sin digerir. A continuación lanzó una severa mirada a sus invitados, que no tardaron en apurar sus jarras, levantarse y abandonar silenciosamente la sala.

- ¡Habla! - Ordenó Olaf mientras se alejaba la comitiva familiar.

- Una de nuestras patrullas llegó al puesto la pasada luna. Hallaron los barracones calcinados y a la guarnición muerta, pero ni rastro del enemigo...lo único que encontraron fue esto. - Desató una bolsa de tela de su cinto, de la que sacó una placa quitinosa de tonos brillantes y tamaño algo mayor al de su robusta mano.

- Elfos... - Comprendió inmediatamente Olaf, pues no era la primera vez que veía una escama de dragón. - ...No se han visto dracos en las Montañas Grises desde tiempos de mi abuelo. ¿Entraron en el torreón?...¿Acaso descubrieron la puerta? - Thorgrim negó con la cabeza antes de responder.

- Según los ojeadores, las runas de protección presentaban signos de haber sido forzadas, pero no lograron quebrarlas. Quién fuera que lo intentase no poseía la destreza necesaria, o no sabía lo que buscaba. En cualquier caso la torre sigue intacta.- El semblante de Olaf se relajó.

- Ciertamente no la echarán abajo con fuego, pero hay elfos que juegan con oscuros poderes arcanos...brujos muy peligrosos, Thorgrim. - Agarró de la mesa un cuerno de cerveza, bebió un largo trago y eructó sin comedimiento alguno, echando espuma por la boca. - aaarff ... habrá ... habrá que ... agh... - Se limpió la boca aún chorreante con la manga del jubón. - ...habrá que enviar más guerreros, una cuadrilla de trabajo y un maestro de obra...que se refuerce la posición y aumente la vigilancia en las fronteras...- Thorgrim se vio obligado a interrumpir.

- Me temo que no hay tiempo para ello, mi señor. Los mismos que informaron del ataque venían recorriendo el sendero del valle desde el sur, donde localizaron una hueste élfica a unas veinte leguas. Su presencia ha sido confirmada por dos puestos de señales - Hizo una breve pausa antes de continuar. - Desde su posición, la única ruta razonable sería seguir el curso del rio hasta alcanzar irremediablemente la torre...quizá el ataque fue una incursión de avanzadilla...exploradores...quizá su verdadero objetivo sea realmente otro. - Olaf asintió y comenzó a caminar despacio, cabizbajo y pensativo, mientras se mesaba su larga barba cenicienta. Así llegó junto a su tosco trono de piedra, tallado muchos siglos atrás en el corazón de la montaña sobre una veta de granito azul.

- ¡¡¡SNORRI!!! - Gritó a la par que se dejaba caer en el asiento. - ¡¡¡SNORRIII!!! - El Señor Intendente del Karak apareció trotando entre las columnas de su derecha. Su cargo y la posición de honor que ocupaba tanto en la corte como en el gobierno de la fortaleza eran algo completamente inusual para un enano de apenas setenta años, más aún cuando éste carecía de sangre real. Saludó a su llegada con una simple inclinación de cabeza.

- Snorri, muchacho...reúne a los clanes y haz los preparativos necesarios para formar una columna de batalla...tu Rey y Thorgrim, aquí presentes, bajarán mañana temprano al valle a buscar a unos amigos elfos. Sólo lo mejor de cada casa y ponis para las vituallas. Te quedarás al cargo de todo esto en mi ausencia...¡pero cuídate mucho de tocar nada de mi bodega!...¡Y ni te acerques a un barril de arenques que ha quedado abierto en las cocinas!. ¿Entendido?...bien...ahora vete, y no olvides tampoco pasar por la armería. Lleva a "Taladora" al herrero. Que la saque brillo hasta que pueda contarse los dientes en el filo. -

- Llevaré también a ajustar vuestra armadura.- Replicó tranquilamente el joven enano. Se inclinó con mayor reverencia y volvió sobre sus pasos, perdiéndose al instante por un oscuro pasillo.

- Realmente he ganado algo de peso, jou jo jo - Clamó el rey entre carcajadas mientras se acariciaba su oronda barriga.

- ¿Seguro que no preferís que yo me encargue de este asunto?. No debierais exponeros innecesariamente. Tratándose de los elfos podría ser una trampa.- Razonó Thorgrim.

- Sin duda... sin duda... pero tengo cuentas pendientes con esos larguiruchos desde el último asedio ...además, ya no me quedan buenas historias que narrar a mis nietos... ¿Cuánto más crees que puede durar ésta guerra? - Olaf no esperaba respuesta a esa pregunta y tampoco la obtuvo. Giró la cabeza hasta clavar los ojos sobre las estatuas de sus ancestros, finamente cinceladas sobre las paredes, e iluminadas por un "Kantuz" de crepitantes lámparas de aceite. Suspiró con cierta amargura ante su imponente imagen.

- Puedes retirarte, viejo amigo...organiza a la Guardia, pero antes una última cosa...acércate con una escolta hasta la gruta del paso y reclama en mi nombre los servicios del Culto de Matadores...pueden sernos de ayuda.- El noble saludó con el puño a modo de despedida y ya casi había alcanzado la salida principal cuando en la distancia, a sus espaldas, el Rey alzó de nuevo la voz, que llegó nítida y resonante.

- ¡¡¡Y no dejes de mencionar a esos locos lo del Dragón!!!¡¡¡Se orinarán de puro gozo en los pantalones!!! -


_____________________________________________________________________________________

La luz del sol matutino se reflejaba tanto en la ornamentada armadura del Príncipe Alto elfo, como en las escamas de la gran bestia draconiana sobre la que volaba, y el aire frio de la mañana azotaba su rostro revigorizando al elfo. Más abajo otras tres siluetas describían círculos similares mientras sus sombras se proyectaban sobre las nubes bajas. Todo era luz en aquellas alturas, pero Nastael sabía que más abajo, en la llanura, sus tropas se estaban desplegando entre una tupida capa de niebla.
Con las primeras luces el general alto elfo había ordenado a sus tropas que se pusieran en marcha hacia la solitaria atalaya enana que montaba guardia en las llanuras, a sabiendas de que los enanos de Karak-Ziflin defenderían aquel puesto avanzado desde el que controlaban los movimientos al este de Athel Loren. Sus tropas se habían movido rápidas y silenciosas hasta las inmediaciones meridionales de la torre mientras el príncipe y sus hermanos dragoneros habían alzado el vuelo para controlar los movimientos del ejército enano de Karak-Ziflin. No habían tardado en detectar a los fornidos guerreros enanos, avanzando hacia la atalaya, liderados por su soberano. Los enanos habían madrugado también y ahora sus columnas empezaban a desdibujarse conforme los guerreros barbudos tomaban posiciones al norte de la torre de vigía.
El Príncipe de Cáledor detectó un segundo contingente enano, algo más retrasado que el resto del ejército, que sin embargo avanzaba vigorosamente por las empinadas sendas que llevaban a la llanura en la que se asentaba la atalaya. Describiendo círculos cada vez más cerrados el gran dragón lunar sobre el que montaba comenzó a descender para confirmar las sospechas del elfo. Efectivamente un gran contingente de matadores, psicópatas salvajes sedientos de sangre, acompañado por otras dos unidades enanas que no pudo distinguir, se encaminaba hacia el lugar de la batalla entonando sus cantos fúnebres. Nastael hizo una señal a sus hermanos para que se reunieran con el resto del ejército y tomaran sus posiciones en la línea de batalla. Sus hermanos respondieron a su señal y pronto desaparecieron entre las capas más bajas de nubes en dirección sur. Para él y esos matadores la batalla comenzaría un poco antes. Aquellos fanáticos no debían participar en el inminente enfrentamiento.
- Adelante Smarganda, demos un poco de sentido a las absurdas vidas de esos locos. – Dijo el Nastael mientras ordenaba a su Dragón Lunar descender en picado hacia la columna enana.
- Será un placer mi pequeño y joven amigo.- contestó la gran bestia roja, y se precipito sobre los enanos.
Lo primero que vieron los enanos fue una gran sombra que crecía sobre ellos. En permanente espera de la muerte, los matadores fueron los primeros en reaccionar, lanzando sus hachas sobre el dragón que se precipitaba sobre ellos. Una de las otras dos unidades comenzó a formar un tupido cuadro con sus escudos al frente mientras vociferaba al resto de los enanos que se pusieran a cubierto, pero la segunda unidad no formada por matadores comenzó a desintegrarse a medida que el picado del dragón se hacía cada vez más pronunciado. Con el aire amenazando con rasgar el banderín de su lanza de caballería, el caledoriano se acopló sobre su trono de monta buscando ofrecer una resistencia mínima e incrementar aún más la velocidad del descenso. Un calor intenso se extendió por las perneras de la armadura cuando Smarganda comenzó a inspirar con intención de abrasar a los enanos con una llamarada de aliento de fuego al pasar rasante sobre ellos.
- No!.- Gritó el elfo.- Conserva tus energías para la batalla.
- Vamos a demasiada velocidad como para posarnos.- respondió el dragón.
- Dejemos entonces que crean que no hemos podido evitar estrellarnos… en el fondo del valle.
En ese momento la sombra del dragón cubría ya toda la columna enana y a los gritos de los mineros, pues de ellos se componía la unidad que se había desbandado, se sumaron los de los matadores que corrían hacia el punto de impacto de la esperable llamarada del dragón. Los Barbaslargas comenzaron a adoptar una formación más abierta advirtiendo con vociferantes gritos a los fanáticos que la velocidad de la bestia era excesiva y que no podría evitar el choque aplastándolos, pero esto no pareció sino acrecentar el ansia de los Matadores por recibir ellos mismos el impacto.
Justo cuando el dragón se precipitaba sobre el sendero en el que se encontraban los enanos la bestia giro sobre si misma variando ligeramente el ángulo del picado y prolongándolo por la ladera del valle hacia el fondo arbolado del mismo oculto de la vista de los enanos por la espesa niebla matutina. El príncipe pudo oír los gritos de los matadores lanzándose en su persecución por la empinada ladera, pese a las órdenes ladradas por los barbaslargas y el Señor del Clan que los lideraba.
Cuando dragón y jinete hubieron atravesado la capa de niebla, el dragón comenzó a batir frenéticamente sus poderosas alas al tiempo que giraba sobre si mismo para evitar estrellarse contra al arbolada ladera. Afortunadamente el valle era profundo en aquel punto y las corrientes de aire caliente que ascendían por las laderas ayudaron a la gigantesca bestia a girar sobre si misma evitando el impacto.
- Creí que querías que ahorrara fuerzas para la batalla.- Protestó el dragón cuando finalmente se hizo con el control del vuelo.
- Y así es, o acaso los siglos te hacen viejo, mi ancestral amigo.- bromeó Nastael
- Milenios pequeña criatura, milenios.- Respondió el dragón
El príncipe alto elfo ordenó entonces a su montura virar hacia el sur, en esa dirección el valle por el que los enanos se aproximaban a la Atalaya se ampliaba allí justo antes de confluir con el Paso del Mordisco del Hacha. Una vez hubiera llegado al paso, podría volver a remontar el vuelo en dirección al campo de batalla, ahora que los matadores estarían entretenidos buscando el lugar en el que él y Smarganda parecían haberse estrellado. Nastael sonrió, conocía a la perfección aquellas montañas y estaba dispuesto a aprovechar hasta el último de sus recursos para ganar la inminente batalla.

_____________________________________________________________________________________

El paso de la columna era lento y torpe, y las pesadas armas y armaduras tintineaban en la oscuridad de la noche. Durante la penosa marcha de regreso a la fortaleza ya no se entonaron cantos de gloria o venganza, y un triste manto de vergüenza ensombrecía aún más los serios semblantes enanos. Apenas una quinta parte del ejército que había partido tres días atrás regresaba a las montañas.

El Rey Olaf Mataosos, Señor de Karak-Ziflin, caminaba solitario en la retaguardia. Había despachado a sus porteadores, y en su cabeza rumiaba una y otra vez los acontecimientos de la batalla. Recordaba un cielo saturado de bestias aladas, saetas y energías mágicas...recordaba las rugientes lenguas de fuego, el suelo desquebrajándose a su alrededor y el sonido grave de los cuernos de guerra... recordaba cargar ferozmente contra la caballería enemiga, atravesar sus líneas junto a su guardia personal, y comprobar como todos los elfos a los que enfilaba huían ante su firme y feroz avance...pero, en un instante que debió durar horas, todo había acabado. Sus guerreros yacían esparcidos sobre el verdeante suelo del valle, y un gran número de elfos, flanqueados aún por un par de dragones, se reagrupaban ordenadamente, dominando todo el terreno junto a las ruinas del torreón. Los tesoros y secretos ocultos bajo sus piedras quedaban ahora en manos de aquellos odiosos criminales llegados de ultramar.

La retirada no entraba en sus planes, ni antes del combate había contemplado ningún
otro desenlace que no incluyera la expulsión de los invasores, un opíparo banquete para celebrar la victoria y una cabeza de draco como trofeo, que una vez disecada adornaría la chimenea del Gran Salón. Sin embargo, los Clanes del Karak habían perdido un buen número de irremplazables artesanos, oficiales y aprendices, incluyendo a los veteranos del gremio de destiladores y a muchos de los mejores mineros de los pozos de hierro y estaño.

El destino de Olaf se iba dibujando claramente en su mente. Su honor había quedado
gravemente maltrecho y ya no podría volver a pisar el ancestral hogar de sus
antepasados. Sus descendientes directos vivos eran lampiños o simplemente ineptos
para ejercer el mando, por lo que sabía que la línea de sangre real de sus casa moriría con él. Sería a partir de entonces labor del Intendente ejercer la regencia y administrar los asuntos de la ciudad, al menos hasta que otro Señor de los Enanos reclamara derechos legítimos de sucesión al trono. Sin que los demás lo percibieran, el antiguo Rey se desvió por el sendero del Paso...había llegado la hora de despojarse de sus nobles ropajes, raparse la cabeza y jurar los solemnes votos de los Matadores.
_____________________________________________________________________________________

El elfo alcanzó sigilosamente la cima del Risco Cullodinen ymiró extrañado al elfo y al gran dragón que se asomaban a la espesura de Cythral donde se adivinaban las cúpulas de Tyr Vanna. La ornamentada armadura del elfo le resultaba ostentosa y vana y el explorador identificó con claridad los puntos por los que podría colar una flecha con resultados mortales, pero su mano no se movió ni un milímetro hacia el arco largo que colgaba a su espalda. Aquel era un amigo, se recordó. Uno de los pocos que les quedaban a él y a su pueblo abandonado. En lugar de alcanzar su arma el elfo abandonó la espesura y se asomó también al risco.

- Ya han comenzó a llegar Lokenosse.- informó el recién llegado dirigiéndose al otro elfo por su rango ceremonial, Linaje de Dragones.

Nastael giró sobre sí mismo. Smarganda le había advertido hacia unos segundos de la llegada del otro elfo pero el Príncipe Caledoriano aun no se explicaba cómo había eludido sus finos sentidos en su aproximación o como había conseguido desplazarse al mismo ritmo que él, a lomos del dragón lunar, desde el otro extremo del bosque. Al contemplar al alfo parte del misterio quedó resuelto. Cuthalion, pues así se llamaba el recién llegado, vestía extraños ropajes. Cuando habían desembarcado juntos en Tor Alessi hacia 300 años, el explorador vestía el habitual yelmo alargado y acerado de los Sombríos y su cota de malla de ithilmar negro. Ahora el cuero endurecido marrón había sustituido a brillante metal negro y su yelmo plateado y cerrado había desaparecido. En su lugar el rostro del elfo quedaba oculto por una capucha, prolongación de una capa verde cubierta de hojas. Las botas rígidas, negras, y de caña alta que en otro tiempo habían sido habituales en Cuthalion eran ahora una especie de mocasines marrones de suela mullida que apenas producían sonido al desplazarse.

- Ya no es un asur.- susurró Smarganda en su cabeza.- Ahora es algo distinto.

La pena invadió al príncipe Alto elfo, que no pudo rebatir las palabras de la dragona. Muchas casas habían cambiado tras los largos siglos de guerra y muchas más estaban aun por cambiar. Su pueblo, comprendió, apenas había comenzado a entender
las pérdidas que la guerra había provocado.

- Vuestra victoria comienza a dar sus frutos mi Lord.- añadió el elfo vestido con los colores del bosque, que empezaba a inquietarse ante el silencio de su interlocutor.- Realmente debisteis aplastar a esa escoria barbuda. Fue un gran gesto, Lokenosse.
- No lo suficiente para ganarnos el paso franco por el bosque, verdad viejo amigo?.- contestó apenado el elfo de Caledor.

Tras la batalla en la Atalaya de Barr-Ziflin, los acontecimientos se habían sucedido inicialmente con rapidez. Aldaistar había partido con los jinetes supervivientes de la Estirpe de Equos y los arqueros de Athel Loren hacia el este para avisar a
los colonos orientales de que el paso por las Montañas Grises estaría expedito aun algún tiempo. Falmaion y la Guardia del Fénix habían desaparecido tan silenciosa e inexplicablemente como había hecho su aparición esa misma noche y correspondió a Nastael,su propia guardia personal y los jóvenes nobles supervivientes de Eataine la ingrata tarea de dar sepultura a los caídos. Smarganda y Hephaestus habían llorado fuego sobre las inmensas moles de los cadáveres de Phlagiston y Mergadevinasander,
incinerándolos junto con los hermanos Príncipes Dragón de Nastael. Los lanceros y caballeros de Tor Alessi habían sido enterrados en un alto túmulo en la entrada oriental del paso. Allí serían honrados por todos los colonos que, gracias a su
sacrificio, cruzaran las Montañas Grises en los meses por venir. Aquellos ritos se prolongaron casi por espacio de una semana. Una vez los muertos hubieron recibido sepultura, Nastael y el resto de su ejército cargaron a los jinetes caídos de Athel
Loren e iniciaron el camino de vuelta.
Cuando tres semanas más tarde la compañía alcanzó los lindes del bosque de camino a Tal Driacha se encontraron el paso bloqueado. Cuthalion y una nutrida compañía de exploradores salieron a su encuentro en el linde del bosque y les conminaron a no
penetrar en la floresta. Dijeron que era más seguro para ellos. Dijeron que el bosque no lo aceptaría. Se hicieron cargo de los muertos y se ofrecieron a guiar a los Leones Blancos y los caballeros de Eataine hasta el puerto Alto elfo más cercano,
donde podrían embarcar de vuelta a Ulthuan. Solo a Nastael se le invitó a adentrarse en el reino arbóreo, y solo a cambio de su palabra de no desmontar de Smarganda bajo las copas de los árboles y volar directamente hasta el Ystin de Asuryan en el
extremo oriental del bosque.

- Nadie os obligó a marcharos mi Lord. No podéis culpar al Pueblo del Bosque por trataros ahora como extraños.- contestó el explorador, cuyo gesto se endureció al escuchar las palabras del dragonero.
- El Pueblo del Bosque? Asuryan, el Dios Creador te dio vida a ti igual que a mi Cuthalion. No existe tal Pueblo del Bosque. Solo los elfos… o los Druchii, el Caos y los Enanos.- contestó el elfo de Cáledor mientras apretaba con fuerza el puño de la espada que ocultaba a su espalda.
- No, mi viejo amigo.- respondió el explorador, en quien las palabras del Príncipe Alto elfo despertaban ecos de simpatía que sin embargo sonaban lejanos.- Mirad allá abajo, a la floresta. Tyr Vanna y Tyr Edrellse se encuentran asediadas. Mis hermanos y yo patrullamos las sendas de esta parte de Athel Loren pero nuestras presas no son enanos… Los elfos compartimos este bosque con otras criaturas… o luchamos contra ellas. Esta es la verdad que los Asur desconocen y es por esto que somos pueblos distintos que luchan sus propias guerras. Vos, mi Lord, estáis aquí para entenderlo… si queréis.
- Y que será de aquellos para quienes mis hombres y yo hemos luchado. También serán considerados extraños por TU PUEBLO?.- recriminó el asur.
- A ellos también se les dará la posibilidad de elegir, como a vos. Se les escoltará hasta la costa donde podrán embarcarse hacia Ulthuan y acogerse a la protección de Asuryan o se les permitirá el paso al bosque donde vivirán bajo la protección de Kurnous.- sentenció el asrai.
- No ha sido la voluntad de Kurnous quien ha mantenido abiertos los pasos de las montañas, ni la sangre de los arqueros y jinetes de Ahtel Loren la única que se ha vertido para ello.- dijo el asur desvelando la espada que había mantenido a su espalda. Los músculos del explorador se tensaron, pero la tensión solo duró un momento, hasta que el Príncipe de Cáledor clavó la espada en el suelo entre ambos. La empuñadura de manofactura tiranocii se insertaba con la maestría propia de las forjas del Yunque de Vaul en la afilada hoja templada en las aguas de las costas brumosas de Cothique, cubierta por runas grabadas en Eataine que rogaban la protección del Dios Creador.
- Es la espada del Alto Yelmo que lideraba a los jinetes de Tor Alessi en Barr-Ziflin. Muchas armas tan nobles como esta quedaron sin dueño en tras ese combate.- anunció el asur señalando un el gran número de lanzas, escudos y espadas amontonados unos metros más allá.- Entregárselas a aquellos de entre los que están
por venir que decidan quedarse en el bosque. Que recuerden que si llegaron a gozar de la protección de Kurnous fue porque la voluntad de Asuryan así lo quiso.

Nastael no esperó la respuesta del asrai. Dando media vuelta subió a su trono de montar sobre el largo cuello de Smarganda. Había ganado esta batalla pero otra guerra reclamaba su presencia en su hogar, en las lejanas montañas de Caledor. La gigantesca dragona roja desplegó sus alas y se preparó para iniciar el vuelo, pero el asur la retuvo un momento aun y se giró por última vez en dirección al explorador asrai.

- Otras patrias deben ser defendidas Cuthalion, en guerras que tú consideras distintas. Pero recuerda viejo amigo, aunque tú y yo muramos combatiendo a distintos enemigos y en guerras distintas, será la misma diosa la que nos llore a ambos, pues todos los elfos morimos en brazos de Isha.
Última edición por Hiswesüle el 08 Feb 2015, 02:28, editado 2 veces en total.
Imagen 15.000+ ptos

javieldor
Unidad Básica
Mensajes: 38
Registrado: 22 Jul 2014, 16:14
Ubicación: Alcalá de Henares

Re: La voluntad de Asuryan: Un relato de la Guerra de la Bar

Mensaje por javieldor » 13 Nov 2014, 00:09

Muy bueno el relato, casi me parece estar hablando con un verdadero dawi jajajajajajja. Muy bien ambientado el entorno y la verdad es que el relato promete.
Espero con ansias la parte de la batalla y la, espero, victoria enana por masacre xDDDD

P.D. La ultima frase de Olaf me ha matado xD
Caerse esta permitido pero levantarse es una obligación
Imagen

Avatar de Usuario
Hiswesüle
Unidad Singular
Mensajes: 208
Registrado: 28 Sep 2014, 14:39

Re: La voluntad de Asuryan: Un relato de la Guerra de la Bar

Mensaje por Hiswesüle » 23 Nov 2014, 21:34

Parte 2ª añadida

Muchas gracias por el comentario Javieldor. Espero que la parte de los previos no se te haga muy larga pero a mi rival y a mi nos divierte recrearnos en el trasfondo y decidimos demorarnos un poco en los preparativos y el contexto de la batalla para cada bando. De todas maneras no te preocupes porque finalmente nos hemos currado un informe de batalla en clave narrativa en el que no hemos escatimado detalle.

Aun no sé, eso si, como presentarlo, si en el foro de relato (ya que el informe esta narrado y no incluye valoraciones tácticas ni detalles de reglas de la partida) o si en la parte de informes de batalla (ya que al gín y al cabo es exactamente eso, aunque resulte un poco atípico para el formato habitual de informe/videoinforme).

Pero bueno, eso es otro tema. En cuanto a la segunda parte, lo dicho, que espero que guste y que ahi os la dejo.

Edit: 3ª y última parte añadida. Lo dicho, espero que os haya gustado
Imagen 15.000+ ptos

Responder