Kelembor, Señor de los mastines. (Parte 1,2 +3)

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Kelembor
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Kelembor, Señor de los mastines. (Parte 1,2 +3)

Mensaje por Kelembor » 20 Oct 2014, 12:35

Hace ya tiempo presenté la última y quinta parte de un relato sobre mi comandante principal. Esta tal vez os parezca más aburrida: presenta el universo de Warhammer y del Caos para aquellos que no lo conocen, ya que este relato lo presenté a concurso. Se llevó buenos comentarios aunque ningún premio. Os lo postearé por partes, aunque ya lo tengo acabado. Espero que os guste.

Warhammer Fantasy.
Guerreros del Caos.
Kelembor, Señor de los Mastines.

Parte 1.




Nacer libre y morir encadenado. Era una idea que envenenaba a Kelembor. Procedía de las baldías tierras de Norsca: más allá del norte de la tierra de los hombres, donde lo más suave de ese paraje era la roca tras infinitas capas de nieve y hielo. Justamente ese clima es el que impide al Imperio la conquista, garantizando la libertad de sus toscos habitantes. Las tribus de bárbaros son nómadas, las guerras entre ellas por el territorio y recursos son inevitables. Kelembor había sido forjado en el arte de la guerra, pronto tomaría el camino del hacha y a no mucho tardar el del mangual. Su fuerza y brutalidad no pasarían desapercibidos: conocía donde sus armas hacían más daño, donde los golpes serían más precisos y donde los cortes serian más sangrientos. Era un espectáculo, una danza frenética de muerte y gritos. Era su sino.
Cada cierto tiempo aparece un individuo singular, un elegido de los cuatro dioses que une a todas las tribus, y los lleva a la guerra contra el resto del Viejo Mundo. A los veinte años de Kelembor, apareció un hombre de un poder incomparable hasta la fecha, que juntó los tesoros del caos y fue proclamado el Señor del Fin de los Tiempos. Si la profecía era cierta ningún bárbaro de Norsca podía perderse esa guerra, así que Kelembor se unió sin dilación a los batallones del Elegido, Archaón.
Varios años de campaña en una larga guerra, con infinitas batallas cada una más sangrienta que la anterior. La victoria de Archaón parecía inminente hasta que se estrellaron contra los muros de la Ciudad del Lobo Blanco, Middenheim. El asedio duró meses hasta que las tropas defensoras recibieron refuerzos. El Elegido se retiró a la Torre de Latón y la guerra conocida como la Tormenta del Caos terminó.
No obstante, Kelembor había sido apresado al pie de las murallas durante el asedio. Rodeado por decenas de cadáveres, el cuerpo en tensión del bárbaro en un huracán de hachazos, fue extenuado hasta caer y ser encadenado. Llevado a las minas, durante años el ansia de libertad le mantendría furioso y con vida. Hasta llevarlo a la locura y la desesperación.
Fue entonces cuando Khorne, el Dios de la Sangre, fijaría su atención en el bárbaro. Su sed de venganza era una herramienta ideal para sus oscuros propósitos. Es relativamente fácil encontrar un hombre recto y doblegarlo, demostrándole la auténtica realidad... pero es mejor encontrar un hombre atormentado, y darle poder. Así que en su intención de convocar a Kelembor, y en su ausencia de magia, Khorne contactó con el más joven de los dioses: el Príncipe Negro, Slaanesh. Pese a su eterna enemistad, éste vio provecho en los planes del Señor de los Cráneos por lo que convocó a su más poderosa hechicera: Doro. Una mujer inteligente y despiadada, además de hermosa y grácil.
Era una noche otoñal aunque aún quedaban remanentes brisas cálidas, llovía con fuerza. El ruido de los truenos retumbaba en la mina, y el agua se filtraba por los barracones, penetrando en los sueños de Kelembor. En él se encontraba atado bajo la tormenta, el agua lamía las heridas de su espalda pues había sido fustigado por tratar de huir. El cuerpo aún contraído, la mandíbula prieta y la mirada ardiendo de rabia. Justo delante escuchó pisadas en el barro, una mujer con brillo propio, de tez delicada y pálida, cabello asalvajado y negro, las gotas disfrutaban recorriendo sus marcadas curvas y resbalaban por su prácticamente desnudo torso. Y decidió que esa mujer sería su valquiria, la que le llevaría al más allá entre sus ancestros pues seguro su hora había llegado. Ella acariciaba con un dedo su espalda, mientras le rodeaba, le observaba, hasta posarse frente a él apoyando un báculo con fuerza en el lodo. Mirándole a los ojos se lamió el dedo, saboreando la espesa sangre del guerrero y al liberar sus labios profirió una palabra con la voz más dulce jamás escuchada: “Despierta”.
Kelembor abrió los ojos y despertó sobresaltado. Seguía atado y herido como en su sueño, pero no se encontraba ni en la mina ni en el barracón. El frío era mucho más intenso. Ante él, su valquiria inclinada sobre su bastón con el cuerpo arqueado esperando su reacción.
- Soy Doro, hechicera y enviada del Señor del Placer, Slaanesh. Ya no estás soñando, ni has muerto, ni eres esclavo. Pero tampoco eres libre: estás aquí para cumplir con un propósito. Deberás mostrar tu valía y si realmente eres quien se supone marcharás con todo el poder el Caos, para lograr tu venganza contra el Imperio del hombre y sumir su reino en la desolación. En su defecto, morirás intentándolo. - Para entonces Doro sacó una daga curva y afilada, se acercó poco a poco hasta posarse sobre el bárbaro, haciendo que se tumbara y acariciando su cuerpo en el de ella. Cortando con precisión sus ataduras y, sin previo aviso, besarle en el cuello. Kelembor cerró los ojos, y se estremeció.
Para cuando los abrió de nuevo ya no llovía: nevaba, y por el grueso acumulado en el suelo habían pasado horas. El cuerpo entumecido se movió con torpeza, comprobando que Doro no estaba, tan solo restaba su daga. La tomó y, aún perplejo, empezó a andar dudando de la realidad en si. En cualquier caso, abrazaba la idea de estar lejos de la mina.

Añado segunda parte. A partir de aquí ya no se presentó en ningún lado. Este pedazo es más breve.

Parte 2.



Pasaron los días y vagaba por la montaña. El frío empezaba a cortar su
piel. Se sentía fatigado y hambriento, y aunque estaba acostumbrado a esa
sensación, le frustraba pensar que su cometido podría ensombrecerse por
algo tan mundano como la inanición. Sus piernas le fallaban, sus ojos
perdían el enfoque.
De la nada asomó una bestia de formas indescriptibles, muy lejos de la de
un animal corriente. El triple de tamaño que el del bárbaro. Era sin duda un
engendro del caos, una mutación salvaje por la continua exposición a los
vientos de la magia. Tenía los ojos clavados en él, ambos estaban
famélicos. Sin dudarlo más, el monstruo se abalanzó sobre él, arrollando
árboles y rocas a su paso. Kelembor lo esquivó con dificultad, no había
mucho espacio donde maniobrar, desenfundó la daga y la clavó en la piel
de su rival. Era tan dura que la daga apenas penetró un par de centímetros.
El engendro se volteó y rajó con una de sus nueve zarpas el brazo
izquierdo del humano, hasta llegar al hueso con facilidad: piel y músculo
fueron desgarrados. Sin embargo no dudó, y aprovechando la subida de
adrenalina, hundió la daga en el ojo del monstruo. Algo parecido a un
grito, ensordecedor, resonó en el valle. Su forcejeo fue frenético hasta
cesar cuando la muñeca se hundió en la cuenca del ojo de su contrincante,
se desplomó inmediatamente en el suelo y dejó de gruñir. La daga fue
retirada y fluidos de varios colores emanaron del hoyo, rezumando un
fuerte hedor.
Kelembor se sentó, reconociendo su cuerpo, el brazo le ardía y jirones de
carne volteaban por él. Estaba sentenciado. Maldijo al engendro con furia
y se pudo fijar en como la marca de Tzeentch se encontraba en la nuca de
la monstruosidad. El Señor de la Transformación había enviado esa
abominación para probarle, estaba convencido. Y no sólo le vencería: en su
arrogancia se lo comería. Con las fuerzas restantes, rebanó desde las
articulaciones, arrancando su carne y masticando con tenacidad. Comió y
comió: carne, tendón, cartílago y hasta los propios tumores que nacían en
el mutante. Y se tumbó, orgulloso de su burla, hasta dormirse esperando su
final. Tzeentch se sentía curioso y satisfecho, y desde ese día Kelembor no
sentiría hambre ni sed, pues había cambiado su cuerpo.

Aunque no esté teniendo mucho éxito, yo sigo a lo mio :)

Parte 3.



Despertó. Sorprendido por no haber muerto: la hemorragia se había
detenido, pero la carne restante de su brazo palpitaba de dolor. Los trozos
más delgados ennegrecían, poco podría hacer si no encontraba una hierba
medicinal. Reemprendió torpemente el andar.
Habían pasado dos días, agotado y febril, no había encontrado nada. Varias
vetas verdes recorrían su brazo, y en la herida brotaban pústulas. La
infección se aceleró visiblemente contaminando el torso, el cuello, hasta
que el bárbaro perdió la consciencia entre espasmos.
El Sol calentaba su piel y una suave brisa despeinaba su pelo y barba, que
habían crecido sobremanera. Las montañas colisionaban en esa valle, la
vegetación era verde y frondosa. De fondo el tintineo de un riachuelo, era
un paraje virgen realmente hermoso.
Le desperezó una caricia en su frente, una mano pequeña y estilizada, muy
suave con largas uñas. Era Doro.
- Bienvenido Kelembor. Te he estado cuidando, tu devoción te garantiza
una muerte menos horrible que la de una infección. - El bárbaro se palpó
su brazo: la carne había crecido, la piel sobre ella era de un tono verdoso
claro, pero no parecía enferma ni infecta, simplemente la magia la había
cicatrizado de ese color.- Tu cometido ha terminado, has fallado. Saciaré
tus sentidos una última vez y luego te llevaré con tus ancestros. Tu tiempo
ha pasado.
No podía decir gran cosa. Se sentía frustrado pero le había vencido un
simple engendro del caos a la primera de cambio. Toda una vida de dolor,
¿para terminar en un pequeño paraíso antes de ir con sus antepasados al
gran salón? Tampoco era tan mal plan. Doro le tomó la mano y en un
andar extremadamente sensual le llevó a la orilla del río. Los pájaros
piolaban de forma armoniosa y la visión del valle era bella. Ante él, una
gruesa mesa de madera tallada con intrincados detalles, dos grandes y
mullidas sillas, y un manjar. Aunque no existiera ya el hambre para él,
salivaba ante la infinidad de carnes, pescados y vegetales, en distintas
salsas, y toda la hidromiel que pudiera desear.
- Todo para ti.
Kelembor se sentó y empezó a comer con calma, saboreando cada bocado.
La hechicera se sentó a su vera y le observó hasta que empezó a cantar. Su
voz se fusionaba con los sonidos del bosque, y era de una dulzura infinita.
La canción relataba sobre las grandes gestas de Crom el Conquistador.
Nunca antes había comido tan a gusto, todo cuanto conocía era guerra y
miseria, se sintió aliviado ante dicho final. Se recostó en la silla, tampoco
antes había dormido con la tranquilidad de despertar al día siguiente.
La tarde había pasado, el Sol empezaba a ponerse y una enorme luna
rosada se dibujaba tras una paleta de tonos naranjas. Doro no se
encontraba en el sillón, pudo atisbar como nadaba en una charca formada
por una barrera de piedras que cortaban el curso del río. El agua reflejaba
los colores pastel del horizonte, y ella se movía desnuda en suaves
movimientos. Perlas de agua caían de su cabello por su cuerpo, resbalando
por su tez, sus curvas de mujer. En un gesto le invitó a unirse y el guerrero
anduvo hasta la orilla, donde ella le desnudó lentamente descubriendo su
cuerpo musculoso, peludo y lleno de horribles cicatrices. Se apretó contra
él y le besó largo y cálido, llevándole al agua consigo. Practicaron sexo
toda la noche, bajo la luna atenta y desvergonzada, como nunca antes lo
había hecho.
Cuando el Sol despuntaba, exhausto en la orilla, la bruja se sentó a su lado,
le miró y le sonrió.
- Nunca más sentirás: ni placer, ni miedo, ni dolor, ni sueño. - Doro le
clavó su daga bajo las costillas, punzando su pulmón izquierdo.
Kelembor recordó el dolor de su brazo, como los hongos crecían sin su
permiso en la carne, como le hervía la sangre. Murió aferrado a su orgullo,
con una sonrisa sardónica, ahogado en su sangre.
Última edición por Kelembor el 22 Nov 2014, 23:48, editado 2 veces en total.
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Re: Kelembor, Señor de los mastines. (Parte 1+2)

Mensaje por Kelembor » 30 Oct 2014, 19:33

Añado parte 2. Espero que os guste.
Saludos.
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Re: Kelembor, Señor de los mastines. (Parte 1+2)

Mensaje por Kelembor » 22 Nov 2014, 23:48

Añado parte 3 :)
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