Karl Edvenghaurf

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Bugs
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Karl Edvenghaurf

Mensaje por Bugs » 29 Ene 2014, 13:43

Después de que el gran cataclismo eliminase algún capítulo de la historia de Goblor, y viendo que este apartado del foro está muy parado, he decidido comenzar una nueva historia que puede ser autoconclusiva, o podría seguir, dependiendo de las ganas, la motivación etc.

Esta vez el tema es bastante diferente, a ver que os parece :)

PARTE 1: Trasformación

Despertó tirado en el callejón más oscuro de la ciudad, sobre un charco de su propia sangre. A su alrededor había signos evidentes de que se había producido una lucha contra un ser sobrenatural. Las paredes estaban llenas de arañazos, algunos adoquines habían saltado del pavimento, barriles y cajas de madera habían saltado por los aires y ahora no eran más que restos astillados, un recuerdo de lo que en su día fueron. Incluso algunas de sus ropas y armas se encontraban esparcidas por todo aquél callejón, algunas rotas, otras dobladas, y su espada incrustada en un ventanal con tanta fuera, que habrían hecho falta tres hombres para soltarla. Y entonces recordó como había llegado a aquella situación.


La persecución empezó en la taberna El Buey Estofado. Había oído rumores sobre las fuerzas vampíricas que asediaban la pequeña ciudad de Bek en Talabheim y el cazador de Brujas Karl Edvenghaurf se había dirigido allí con la clara predisposición de poner fin a aquél mal. Ningún otro de sus hermanos había querido seguirle, alegando que los rumores de una ciudad tan pequeña tendrían que esperar, pues los ataques del Caos al Imperio habían crecido en los últimos años y era más importante que los cazadores de brujas se dedicasen a acabar con los cultos a los cuatro dioses prohibidos antes que enfrentarse a la casi extinta amenaza de los vampiros.

Pero Karl Edvenghaurf no lo había visto así en ningún momento, sabedor que los vampiros se caracterizan por pasar desapercibidos durante siglos, para atacar con mayor fuerza cuando las gentes del Imperio están confiadas, así que desoyendo a sus superiores había acudido a Bek con el fin de comprobar si los rumores eran ciertos. Poca ayuda (más bien ninguna) había recibido por parte de las autoridades de Bek y el hecho de que su orden no estuviese presente en aquél momento en la ciudad le pareció especialmente sospechoso, así que se alojó en la posada con peor reputación que pudo encontrar , El Buey Estofado, y comenzó su investigación.

Pocos días tardó en encontrar signos evidentes de que en la ciudad se estaban produciendo cultos vampirescos: Mujeres vírgenes desaparecían a diario, algunas mañanas aparecían cadáveres descompuestos, destrozados y sin una gota de sangre en las calles, y el silencio y la falta de iniciativa de las autoridades era lo más inquietante. Al caer la noche, las gentes se refugiaban en sus casas, trababa las puertas de madera con grandes tablones y rezaba a Sigmar para poder llegar a la mañana siguiente. Algunos ni siquiera así lo conseguían.


Pronto comenzó a patrullar los tejados de la ciudad por las noches, saltando de edificio en edificio y buscando cualquier movimiento sospechoso, pero el ser (o seres) al que se enfrentaba tenía una habilidad única para desplazarse de forma rápida y silenciosa, consiguiendo así que Karl Edvenghaurf no consiguiera verlo en ninguna ocasión.

Esta situación llegó a cronificarse en el tiempo haciendo que el cazador de brujas cada vez estuviese más desesperado. Llegó a tener la certeza de que se enfrentaba a un solo vampiro, capaz de desplazarse a grandes velocidades, acabar con sus víctimas en segundos y desaparecer sin ser visto. Mas parecía obra de Skavens que de Vampiros, pero la crueldad con las que las víctimas eran asesinadas no dejaban lugar a dudas. Llegados a este punto, a Karl solo se le ocurrió una idea: Tender una trampa al Vampiro, atraerlo hacia si mismo para enfrentarse a él en persona.


Sus sospechosos ostentaban los más altos cargos, probablemente el señor de la ciudad o algún miembro de su consejo, sería el vampiro, pues la pasividad de la guarnición en estos asuntos eran órdenes dadas desde arriba, por lo que había podido averiguar después de sobornar a varios alguaciles. De esta forma, Karl Edvenghaurf se presentó ante el consejo de la ciudad, los acusó de vampirismo a todos ellos y amenazó con detenerlos a todos en cuanto enviase una carta pidiendo refuerzos a Altdorf , no sin que antes "se le escapara" dónde estaba alojado en esta ciudad. Dejó al consejo dando alaridos, algunos enfadados, otros suplicando clemencia alegando que no eran vampiros. El señor de la ciudad trató de convencer de que retirase tales acusaciones, pues cuando se comprobase que todo era un error, el cazador de brujas sería reprendido y condenado por falsas acusaciones. Karl se marchó dejándolos a todos con las palabras en los labios y esperó en su posada a que la noche llegara para enfrentarse con el vampiro que probablemente habría mordido el anzuelo.


Allí estaba a medianoche, en el tejado de la posada El Buey Estofado. Armado con una ristra de pistolas, dos espadas, un arcabuz preparado y un gran espadón a su espalda. Iba ataviado con una capa larga y oscura y su sombrero negro con la hebilla de plata que lo identificaba como un cazador de brujas. Llevaba rato esperando, pero eso no había hecho que fuera descuidado. El vampiro apareció volando ante él y entonces Karl Edvenghaurf descubrió quién era el maldito: Otto VonDrake mano derecha del señor de la ciudad.


Ambos se miraron desafiantes durante un segundo que pareció un siglo, y el vampiro se lanzó hacia él, mostrando su capacidad de trasformación, convirtió sus manos en garras, y trató de desgarrar la carne de Karl. Pero el cazador de brujas había sido adiestrado para estas situaciones y dando un salto hacia detrás pudo esquivar el ataque, y en un instante pudo disparar a bocajarro al monstruo con su arcabuz.


La bala impactó en el abdomen del ser, que comenzó a sangrar. El vampiro, sorprendido de que un simple humano hubiese sido capaz de esquivar su ataque quedó sorprendido y durante unos segundos sonrió divertido, sin embargo Karl no iba a desperdiciar esa oportunidad, y desenfundando un par de pistolas, disparó dos veces más al vampiro, impactándole en el pecho y en el cuello. Una mueca de dolor se dibujó en la cara del ser, que rápidamente se transformó en una sonrisa y lamiéndose los colmillos se abalanzó de nuevo sobre Karl. Ambos rodaron por el tejado de la posada, forcejeando, pero el vampiro era tan sumamente poderoso, que no tardó más que unos segundos en lanzar volando a Karl al edificio de al lado. Cuando aterrizó el cazador de brujas supo al instante que una de sus costillas se había roto en el viaje. Desenvainó sus espadas y las blandió frente a la nueva carga del vampiro, pero de un zarpazo ambas volaron hacia el pequeño callejón que había junto a la posada. La sangre brotó de su pecho, y voló varios metros hacía detrás mientras escuchaba la risa maléfica del vampiro, que parecía estar divirtiéndose. Karl sacó de nuevo otro par de pistolas y disparó al ser que de nuevo se abalanzaba hacia él. Falló un disparo, pero el otro impactó en la frente de la criatura que cayó de espaldas y quedó tumbada en el suelo. Con mucho esfuerzo, el cazador de brujas se levantó para ir a comprobar el cadáver. Soltó las pistolas ya disparadas y sacó la penúltima arma de fuego que le quedaba, mientras lentamente se acercaba al vampiro sin dejar de apuntarle. Cuando estuvo a escasos pasos de él, la criatura se levantó con una velocidad que el ojo del cazador de brujas fue incapaz de percibir, y después de recibir un gran golpe en el pecho ya herido voló de espaldas, recibió otro golpe en la espalda que hizo que se elevara, y después de un directo en la cara Karl se precipitó hacia el callejón, cayendo sobre unos barriles vacíos que pertenecían a la posada.


Aquellos golpes le habían abierto los ojos. El vampiro en ningún momento se había esforzado lo más mínimo por derrotarle, probablemente todavía sería más rápido de lo que había sido hasta ahora, y eso significaba que Karl iba a ser incapaz de derrotarle. Se arrastró por el callejón intentando salir a la luz, pero el vampiro agarrándolo de la cabeza volvió a lanzarlo hacia el interior, golpeando en su trayecto algunas cajas apiladas al lado de la puerta trasera de la taberna. En ese momento Karl supo que había llegado su hora, pero lejos de rendirse desenvainó su gran espada que aun llevaba a la espalda. Apoyándose en ella pudo levantarse (así supo que sus piernas al menos estaban bien) y con las pocas fuerzas que le quedaban cargó contra el vampiro que con una facilidad pasmosa le arrebató el arma y fue a clavarlo en un ventanal de madera. Agarró al cazador de brujas por el cuello y después de levantarlo del suelo y sin decir ni una palabra le dio el Beso de Sangre.


Y así fue como Karl Edvenghaurf se transformó en un vampiro, aquello que se había jurado destruir. Se levantó despacio del suelo y sintió en sus manos una nueva fuerza, un nuevo poder como nunca antes había imaginado. Se arrancó los ropajes que cubrían su pecho, recogió su capa y su sombrero de cazador de brujas del suelo, recuperó su espada extrayéndola de la madera con suma facilidad y se marchó de aquél callejón con un rumbo fijo: Hacérselo pagar a quién lo había convertido en aquella monstruosidad, pero primero tendría que poner fin a aquella nueva sed de sangre que le hervía dentro del pecho.



PARTE 2: La hora de alimentarse


No iba a ser tan sencillo como había imaginado.

Después de abandonar el callejón inundado por una euforia indescriptible, Karl Edvenghaurf empezó a sentir de nuevo sensaciones extrañas. La cabeza empezó a desvanecérsele, como si su propia alma se estuviese disipando con el paso de los minutos. Además, comenzó a notar en su piel que se acercaba el día, y una necesidad de ponerse a buen recaudo empezó a irradiarle el pecho.

A pesar de haber recibido el beso de sangre, parecía que Karl no había sido maldito con ninguno de los extraños poderes vampíricos que a menudo estas criaturas solían poseer. No tenía la capacidad de volar, ni podía desplazarse a grandes velocidades como había hecho Otto en su enfrentamiento con él. A pesar de que notaba una pequeña afinidad a la magia creciendo en su interior, el carecer de conocimientos mágicos y la creciente sed de sangre cada vez más difícil de controlar que invadía su interior, hacía que esta nueva capacidad propia de los vampiros, no le fuese nada útil en aquel momento.


Buscó refugio en la torre más alta y oscura de la ciudad y allí aguardó durante todo el día, a la espera de una nueva noche en la que poder salir y probar sus nuevos poderes. Aborrecía su ser con toda su alma, pero había tomado una firme decisión: Se vengaría del vampiro que lo había transformado en esta criatura y si sobrevivía a su enfrentamiento, utilizaría sus poderes para aniquilar a otros vampiros. Era lo único que podía hacer si quería tener alguna posibilidad de salvar su ya condenada alma.


El día que pasó encerrado en aquella torre fue horrible. Dormitaba a menudo, pero siempre turbadores sueños le venían a la mente: criaturas malditas de la noche alzándose de sus tumbas, seres humanos siendo devorados por terribles y afilados colmillos, torturas y sufrimientos infligidos a la humanidad… Despertaba siendo incapaz de soportar aquellos sueños y con una necesidad de alimentarse de sangre que jamás había sentido, lo cual hacía que se aborreciese todavía más.


El dolor también inundaba su cuerpo. Su columna vertebral le dolía como si se la hubiesen partido en cuatro partes. Sentía como si su caja torácica fuese a abrirse en canal. Su abdomen estaba rígido como una viga de madera, y al menor movimiento resonaba como el crujido de un palo al romperse. En las piernas sentía dolores tan agudos como si cientos de lanzas se las atravesasen, y sentía en los brazos como si de ellos tirasen cientos de caballos hasta descoyuntarlos. Y los dedos… Los dedos le dolían como si se los estuviesen desollando. Pero todo aquel dolor no era nada comparado con los cientos de miles de martillazos que sufría en su cabeza.


Hacia el final del día y comienzo de la noche empezó a sentir unos sueños un tanto diferentes: Veía personas en sus casas, oía sus pensamientos, se movían por la ciudad, pero él en su cabeza los tenía perfectamente ubicados en relación a su propia situación. Sabía la distancia que lo separaba de cada una de las personas de su entorno, si estaban cansados por el trabajo del día, si estaban enfermos o sanos, captaba sus olores, el sabor de su sangre, la tensión de sus músculos y el crujido de sus huesos. De repente en un radio de 5kms era consciente de todo cuanto le rodeaba.

Y prestó atención a los pensamientos de un hombre que correteaba calle abajo. Sabía que ese hombre acababa de cometer un acto terrible, pues en un enfrentamiento con un tabernero de la ciudad había sacado su cuchillo y lo había apuñalado en el bajo vientre. Había abandonado la posada a toda velocidad después del crimen y ahora corría a esconderse antes de que la noche le pillase por sorpresa o de que alguien encontrase el cuerpo de su victima en la taberna. Por el sonido de sus huesos sabía que era un hombre sano. La tensión con la que sus músculos permitían sus movimientos indicaba que estaba en forma. El olor de su sangre lo hacía muy apetecible. Y a pesar de todo aquello, sabía que aquel pobre infeliz no tendría ni la más mínima oportunidad si se enfrentase a él. Sería tan simple como aparecer en la habitación en la que se había recluido, y abalanzarse desde una de las vigas del techo, morderle el cuello y absorber toda su sangre hasta dejarlo muerto.


Despertó con el cadáver de este individuo bajo sus garras. No sabía como había llegado hasta allí, pero sabía perfectamente que aquello con lo que había soñado se había hecho realidad. Y su sed de sangre había desaparecido. No tuvo ningún remordimiento por acabar con aquel tipo, pues por su crimen merecía la muerte, pero le asustaba que en algún otro momento, su víctima fuese una persona inocente. Sin embargo, no tuvo demasiado tiempo para preocuparse por esto, pues cuando apenas habían pasado unos segundos todos los recuerdos, pensamientos y habilidades de su víctima se fueron abriendo paso hasta su cerebro y no tardó apenas unos instantes en asimilarlos.


En ese momento fue consciente del nuevo poder que había adquirido como vampiro: Era capaz de detectar a otros seres, valorar sus habilidades y conocimientos y absorberlos para si mismo. A la vez que su cuerpo se alimentaba de la sangre de su víctima, su alma capturaba a la de su presa, la sometía y pasaba a controlarla, haciéndola así suya. Sonrió orgulloso, pues sabía que con este poder y un poco de paciencia, en muy poco tiempo iba a poder convertirse en un vampiro muy poderoso, lo suficiente como para poder enfrentarse a Otto VonDrake pues gracias a su nueva habilidad se había dado cuenta de que todavía no era rival para él.


Sin embargo, había detectado en la ciudad un par de vampiros menores a los que sí iba a poder enfrentarse. Esto le serviría para comprobar si su habilidad era válida contra otros vampiros y podía hacerse con sus poderes al igual que había aprendido todo lo que su primera víctima humana había llegado a dominar en su vida. No perdió el tiempo y valiéndose de su poder, salió a buscar al más débil de esos vampiros menores.


Lo encontró en el margen del río que atravesaba la ciudad. Acababa de alimentarse de una rata porque no había podido hacerse con una víctima humana. Era una criatura patética y débil, pero había obtenido un poder vampírico que aunque malo, Karl no poseía: una gran resistencia mágica y conocimientos arcanos sobre magia vampírica.


Karl se abalanzó sobre él de un salto y con sus garras apretó la yugular de la criatura que comenzó a intentar arañarlo con sus garras. El débil vampiro estaba de espaldas contra el suelo y no tenía fuerza suficiente para librarse de su agresor, así que en un rápido y desesperado intento de zafarse de él, cargó un proyectil mágico en su mano izquierda y lo impacto contra el costillar de Karl, causando una gran explosión. Ambas criaturas salieron volando por los aires, y el débil vampiro trató en vano de huir del cazador de brujas. No tardó en verse arrinconado en un callejón y volvió a lanzar proyectiles mágicos que impactaban en el torso de Karl haciéndole heridas por las que sangraba abundantemente.


Sin embargo, Karl Edvenghaurf acababa de saciar su sed de sangre y rebosaba vitalidad, mientras que su presa llevaba sin alimentarse durante días, lo cual hizo que esta cayera con suma facilidad cuando las garras de Karl, en lugar de tratar de estrangularlo, directamente lo decapitaron.


Y de nuevo el cazador de brujas bebió sangre aquella noche. Y al igual que había pasado con su primera víctima mortal, los conocimientos y poderes que poseía el patético vampiro menor al que acababa de asesinar pasaron a ser suyos, adquiriendo así conocimientos arcanos sobre magia, y lo que le era más útil: Saber dónde podía hacerse con más de estos conocimientos y probablemente con más poder mágico, pues quien había instruido a esta patética criatura había sido un vampiro de Sylvania, y ahora sabía que allí podría fortalecerse tanto como vampiro y como mago. Pero eso tendría que esperar, pues una nueva sed de poder había comenzado a nacer dentro de él, y no abandonaría aquella ciudad hasta haber llevado a cabo su venganza.


Antes de que los primeros rayos del sol iluminasen la ciudad, Karl ya había vuelto a su guarida.

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Re: Karl Edvenghaurf

Mensaje por GothicoKun » 29 Ene 2014, 13:55

Ya lo he leído, me gusta mucho como narras los echos estaré pendiente a este post. Ahora voy a leerme los otros relatos que has escrito.


Un saludo y espero que te animes a seguir con la Historia.
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Re: Karl Edvenghaurf

Mensaje por Dark_colver » 09 Feb 2014, 11:55

muy muy buena si señor
Arramcadles los ojos.quemad su carne,desollad la piel de sus espaldas quiero oirles gritar antes de cortarles las lenguas

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Re: Karl Edvenghaurf

Mensaje por Bugs » 11 Feb 2014, 02:51

Bueno, pues animado un poco por vosotros 2, he decidido hacer una segunda parte para poder continuar con la historia. Creo que la primera estaba mejor, especialmente las peleas, pero esta vez quería enfatizar más como debía sentirse el personaje, a las luchas en sí, porque me parece que para eso tendré oportunidades más adelante.

A ver que os parece la continuación (Está editado en el primer mensaje xD)

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Re: Karl Edvenghaurf

Mensaje por GothicoKun » 11 Feb 2014, 14:28

Esta genial! jejeje :lol:.

Cierto es que la narrativa es algo peor que la primera parte, pero la historia se está desarrollando muy bien y ya me tiene enganchado :lol: , espero que decidas continuar :cry: .


Un saludo
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Bugs
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Re: Karl Edvenghaurf

Mensaje por Bugs » 11 Feb 2014, 14:32

Es lo que pasa con las segundas partes, que nunca fueron buenas... xDD pero intentaré mejorarlo en las próximas ;)

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Granreyenano
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Re: Karl Edvenghaurf

Mensaje por Granreyenano » 01 Abr 2014, 19:51

Bugs, espero con impaciencia también tu continuación, que manía con no terminar las historias.
Fui condenado a vagar sin destino, vació y errante
sin puerto ni hogar,es mi prisión el mundo entero sin tierra que pueda algún día volver a pisar, porque solo mi esperanza es la muerte,
y mi castigo es la eternidad.


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Re: Karl Edvenghaurf

Mensaje por jcbicho » 01 Abr 2014, 20:16

Me gusta Bugs, pero con respecto a lo de alimentarse de otros vampiros y absorber así sus habilidades sólo puedo decir: DIABOLISTA!! (alguno ya me entenderá ;) )
Vénceme cuanto quieras, yo volveré a levantarme y a combatir
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