Luna de Sangre

¿Eres un auténtico trovador del viejo mundo?
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Kahoru
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Luna de Sangre

Mensaje por Kahoru » 21 Feb 2012, 06:24

Lenguas de fuego del tamaño de la torre Tor-destinodebruja, fueron lo primero que vieron mis ojos al llegar a la cima de aquella colina, donde antes se divisaban parajes de un hermoso color verde esmeralda bañados por un rio, tan sinuoso como las curvas de una mujer, ahora tan solo quedaba fuego, cenizas y un aroma a podredumbre y muerte que se extendía por todo el valle.

Había llegado tarde…

El Jardín de Morr se encontraba casi reducido a un amasijo de hierros y escombros, la capilla que coronaba toda la estructura, ahora no era más que un vago recuerdo en la mente de todos aquellos que alguna vez tuvieron la suerte de verla. Tras uno de los muros que todavía seguían en pie, observe a dos Sacerdotes de Morr yaciendo bajo los restos de lo que presumiblemente habían sido las estatuas que solían erguirse en la entrada de la catedral, unos metros más adelante otros cuatro cuerpos más, esta vez más fornidos y musculosos, Grandes Espaderos de la Reiksguard, los considerados mejores guerreros del Imperio habían sido descuartizados y desmembrados con tal brutalidad y delicadeza que Ghal Maraz, el martillo del Emperador, parecía que había sido forjado tras una noche de excesos, en una burda forja ogra. En el centro de todo aquello, pude ver con horror el cuerpo de mi contacto, el Archielector de Sigmar Klovram, despojado de sus vestiduras y ropajes, empalado bocabajo sobre una espada de piedra del tamaño de cinco hombres.


Me acerqué con todo el sigilo que mis pobres piernas podían proporcionarme después de casi nueve días de camino sin descanso, pues era posible que me encontrara con algún indeseable que todavía estuviera rondando la zona, pero lo único que encontré fue una visión tan grotesca que hasta el mismísimo Karlz Franz se le hubiera helado la sangre, algo que ni en las peores pesadillas del mismísimo Sigmar hubiese podido contemplar, algo para lo que los sacerdotes del Imperio no nos preparan.

El renacimiento de un antiguo enemigo, no solo del Imperio, sino de todas las fuerzas
del orden de nuestro mundo.

Vlad Von Carstein.

Estaba ahí, justo frente de mí. Se encontraba en la parte más alta del devastado edificio, erguido como un rey, como un triunfante general cuando ha acabado la batalla y mira con orgullo la obra que sus ejércitos han pintado para él.
Reconocería esa figura esbelta y demoníaca en cualquier lugar del mundo, en cualquier época, la reconocería como reconozco y se distinguir cada una de las cicatrices que adornan mi cuerpo como trofeos de batallas pasadas.
Pese a lo paralizado que me encontraba, no por el miedo sino por lo desconcertante de la situación pues el No muerto que estaban viendo mis ojos supuestamente llevaba décadas muerto, corrí tras un árbol quemado que se encontraba a escasos metros de mi posición, me apreté la correa de mi cinturón, cargue a mis dos amantes, Jaspe y Nise, con balas de plata bendecidas por el Archielector Gersnom, líder de mi orden y comencé a rezar todo aquello que me habían enseñado durante mi entrenamiento en Talabheim.

Las gotas de sudor resbalaban sobre mi cara, tan fluidas como las melodías de los bardos Elfos Silvanos del Bosque de Loren, pero mi cuerpo se encontraba extrañamente relajado pese a la gravedad de la situación.

Rápidamente salí de mi baluarte, negro y humeante, de un salto con los brazos en alto, preparado para descargar la furia contenida en Jaspe y Nise, calculé la distancia, concreté la dirección del viento, tal y como me habían enseñado cuando estuve a las órdenes del Maestro ingeniero Ducthlock en Marineburgo, y comencé a acariciar los gatillos de mis compañeras.

De repente, un fuerte golpe azotó mi espalda, como si un látigo de siete colas desgarrara cada fibra de mi cuerpo, caí sobre mis rodillas y solté, seguidamente, un lamento que debió oírse en todo el Viejo Mundo, pero conseguí rodar sobre mi mismo e incorporarme para observar a mi agresor.

Un gigantesco Varghulf se alzaba ante mi, intento saltar sobre mí con una velocidad sobrehumana, pero me agaché justo a tiempo para darme la vuelta y volver a confiar en Jaspe y Nise. Aquella malvada criatura recibió el beso de mis amadas en la parte trasera de su cuello que salieron con la misma intensidad por su garganta, aunque mi disparo fue certero, su herida se cerró tan rápido que la velocidad de un corcel élfico habría quedado en entredicho. La bestia se quedó mirándome con sus ojos, rojos como rubíes, fríos como el acero, como si ya hubiese atisbado más de mil formas de destrozar mi cuerpo.

Inspiré y cerré los ojos por un momento, esperando recomponerme y pensar que podría hacer frente a tal semejante criatura de la noche. Era la primera vez que me enfrentaba a uno. Atrás habían quedado trolls, gigantes y demás criaturas que habitan en el mundo, pero un Varghulf era una cosa totalmente distinta, había leído sobre ellos pero enfrentarse con uno era una cosa totalmente diferente.

Súbitamente recordé algo que había leído en un libro que encontré en las bibliotecas de Altdorf, miré a mi alrededor, metí la mano en uno de los bolsillos de mi capa y saqué una pequeña bolsa de cuero con pólvora, no más grande que mi puño, la lancé con fuerza hacia mi agresor y disparé sobre ella, como resultado un fogonazo cegó y aturdió momentáneamente a la bestia y usé ese valiosísimo tiempo para correr hacia unos árboles que permanecían envueltos en llamas. Cuando la bestia recuperó el sentido y la orientación, me buscó con tanto ímpetu como un bebe se aferra al pecho de su madre cuando tiene hambre, cuando me encontró hizo algo que cualquier guerrero ávido hubiera hecho en su situación, pero que una bestia con su sed de sangre no llegó a reparar, así que se lanzó hacia mi atravesando los árboles en llamas, ese fue su primer error.

Comencé a correr hasta un pequeño claro, la bestia me siguió, gritando y rugiendo como un león que avista a su presa, súbitamente nos encontramos la bestia y yo, rodeados por arboles llameantes como dos gladiadores luchando por su vida en un círculo de fuego. Comencé a disparar hacia mi presa, y esta esquivó todas y cada una de mis balas, o eso pensó ella, pues no estaban dirigidas hacia sus puntos vitales sino a la base de un gran roble que se erguía tras ella, ese fue su segundo error.


El Varghulf intentó entonces entablar combate cuerpo a cuerpo contra mí, pero utilicé todos mis conocimientos aprendidos en Catai para esquivarla mientras seguía disparando a la bestia, después de unos segundos que para mi fueron horas, volvió a situarse de espaldas al roble en el que anteriormente mis balas habían impactado y como si de un mozo que pasaba por primera vez una noche con una prostituta de Hergig, en mi cara se esbozó una sonrisa triunfal, alcé de nuevo a Jaspe y Nise disparé.

Las balas atravesaron su pecho y salieron por su espalda como ya había previsto que pasaría y se alojaron en la base del roble llameante que comenzó a caer sobre la bestia como si el cometa de dos colas colisionara sobre la tierra. La bestia se giró al oír el tremendo estruendo, pero no pudo reaccionar y el roble cayó sobre ella, clavándole sus llameantes ramas por todo su cuerpo y anulando así su capacidad de regeneración.


Volví victorioso pero a la vez tembloroso, hacia el punto de partida, preparándome para volver a encontrar esa conocida figura, pues el ruido del combate, de seguro había llamado su atención.

No lo encontré sobre el edificio, lo encontré sentado sobre la punta de la espada de piedra donde se encontraba el cuerpo inerte de Klovram, mirándome fijamente con aire infantil, como con curiosidad y en un movimiento que solo puedo describir como un pestañeo, se acercó a mí y se quedo no a menos de treinta centímetros de mi cara.
Me miró con seriedad y profirió una sonrisa macabra, se apartó un metro de mí, me hizo una reverencia, pasó su capa, roja como la sangre y negra como la oscuridad, por su cuerpo y como si de la noche que huye del alba se tratara, desapareció.


Lo que acabo de relatarle es la pura verdad alteza, es lo que pasó y juro que es cierto y que me lleven los Dioses del Caos ahora mismo si lo que cuento no es cierto.

No se por qué me dejó con vida, no se por qué no me arrebató mi alma en ese mismo momento, quizá pensó que vendría rápidamente a prevenirlo y así extender la confirmación de su regreso y sembrar el terror y el miedo por todo el Imperio. Solo sé que si me deja volver a ese lugar de muerte y desolación, le aseguro alteza, que volveré con la cabeza de ese señor de la muerte.

Lo juro por mi nombre, Deodew Cazador de Demonios.



Relato creado por Kahoru.
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Balinor
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Re: Luna de Sangre

Mensaje por Balinor » 01 Mar 2012, 20:58

Enhorabuena, para ser el primero no está nada mal ;)
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Re: Luna de Sangre

Mensaje por malus » 03 Abr 2014, 15:56

estoy con balinor enhorabuena por ser el pionero y el relato esta genial

felicidades!!!

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Rodioforjado
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Re: Luna de Sangre

Mensaje por Rodioforjado » 14 Abr 2014, 15:29

Me ha parecido una historia bastante buena. En primer lugar, las descripciones están muy bien miradas, te sitúan en el lugar y te hacen un claro dibujo de lo que quieres contar. Luego en sí, la acción es entretenida también, y seguro que los imperiales se habrán estremecido, como si fueran ellos mismos.
Como ayuda, puedo puntualizar algún detalle, pero nada del otro mundo, en alguna que otra ocasión repites expresiones en un corto espacio de escritura, cosa a evitar siempre que se escribe algo. He visto algún error de ortografía, meros despistes seguro. Y otros de gramática, como "hacer frente a tal semejante criatura" vendría siendo "a tal criatura" o "a semejante criatura" pero no los dos mezclados. Y bueno, concretamente en ese punto, he echado de menos una descripción de lo que es un Varghulf, que fuera de ver algún vídeo informe y tal, no lo tengo muy claro (concretamente no sé si son los murciélagos gigantes o los "hombremurciélago" éstos que suelen ir dos o tres en unidad). Por último, un asunto "técnico", las pistolas, me da la sensación de que dispara andanadas de balas sin casi pararse a recargarlas, yo apostaría por que no las hay todavía, y menos si son de pólvora (ya sabes, saca bolsa, mete pólvora, aplasta pólvora, mete bala, amartilla, dispara...).

Espero sobretodo haberte servido de ayuda, recordar que es sólo mi opinión, no pretendo dinamitar ni tirar por tierra. Un saludo y muchos ánimos a seguir escribiendo!!

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